Entrevista a la labor y las vivencias de la coordinadora de Mujeres Unidas en torno al Género, la Equidad y Reivindicación (Muger A. C.) en su compromiso por la justicia y la dignidad de las mujeres
Yolanda Peach
Oaxaca, Oax., 7 de junio de 20024.- Lo maté y lo volvería a matar… lo volvería a matar y gustosa estaría en la cárcel. No tuvieron que hacer ninguna investigación. Yo lo maté.
Andrea, condenada a 30 años de prisión, le confió su historia a Rosario Villalobos Rueda. Una vida de violaciones sexuales y golpizas constantes, pero cuando quiso abusar de su hija, lo asesinó.
La coordinadora de Mujeres Unidas en torno al Género, la Equidad y Reivindicación, Rosario Villalobos, irradia una calma serena en medio del vaivén de historias desgarradoras que se entretejen en los oscuros corredores del Reclusorio Femenil de Tanivet.
Su voz, llena de determinación y empatía, viaja a través del tiempo, donde el compromiso con la justicia y la equidad ha sido su guía en el camino.
El primer encuentro con ellas fue en la cárcel de Ixcotel, mujeres privadas de su libertad que anhelaban algo más que la redención de sus errores.
En medio de la indiferencia, las mujeres hallaron en Muger AC. una luz
en la oscuridad. Mientras el mundo exterior las condenaba al olvido, ellas hallaron una voz que gritaba por su dignidad y sus derechos más básicos.
«Nos pedían medicinas, ir a ver a su mamá, buscar la manera de conseguirle ropa a sus hijos», relata Rosario con una naturalidad que evidencia la cotidianidad en su tarea.
Mujeres Unidas en torno al Género, la Equidad y Reivindicación (Muger A. C.), es una manifestación de décadas de lucha que ha alzado la voz por la igualdad, la justicia y la dignidad; en una conversación íntima, comparte los desafíos de este movimiento que ha transformado vidas.
Su labor demuestra que la unidad y la acción pueden transformar realidades y crear un futuro más justo para las generaciones venideras.
– ¿Cómo surge este movimiento social?
– Surge en el 2003. Antes éramos compañeras del movimiento feminista de los 70 y 80. Exigíamos el derecho a decidir que en ese entonces no existía, la despenalización del aborto y la erradicación de la violencia de género. Nuestra asociación claramente se funda para los derechos de las mujeres y tener una vida digna.
– ¿Qué detonó esta iniciativa?
– La falta de representación femenina en cargos políticos y la indiferencia frente a los casos de violencia. Era difícil levantar una denuncia, nadie nos hacía caso (…) para nosotros no es una moda, desde que iniciamos vimos asuntos de violencia sexual a niños.
Recuerda el caso de un pequeño de 6 años al que su maestra lo violó con el mástil de una bandera. “Hablamos con el gobernador José Murat, aunque es criticado, nos escuchaba, era sensible cuando le llevábamos el tema de niños, no sé si porque sus hijos eran pequeños o porque tenía conciencias de género, pero los casos se resolvían”.
– ¿Qué se requiere para ser miembro?
– Tener mucha voluntad política, solidaridad, sororidad y amor por Oaxaca, amor por las mujeres, amor por la justicia, tal vez es muy subjetivo, pero sin esos ingredientes sería imposible formar parte de esta causa que ha marcado la vida de tantas mujeres oaxaqueñas.
Subraya, por ejemplo, que el frío que se cuela entre los barrotes de la cárcel no es solo el de la ausencia de calor físico, sino también el de la indiferencia de una sociedad que muchas veces prefiere mirar hacia otro lado.
– ¿Bajo qué valores se impulsa el movimiento?
– La solidaridad, la sororidad, la justicia y el apoyo mutuo son los pilares que sostienen cada acción de MUGER A. C. Estos valores no son solo ideales, sino la fuerza motriz que impulsa su trabajo diario en busca de una vida digna para todas las mujeres y niñas de Oaxaca.
«Pudiendo darles medicamentos, buena alimentación y ropa, no se los dan», expresa con indignación, evidenciando la injusticia gubernamental que se esconde tras los muros de la prisión.
– ¿Cuál es la tarea social de este movimiento?
– Lograr una vida digna para las niñas, niños y mujeres oaxaqueñas. El compromiso va desde la prevención de la violencia hasta la promoción de los derechos políticos y económicos de las mujeres.
En el caso de las reclusas, es a través de cursos, talleres y proyectos de reinserción, que han encontraron una oportunidad para transformar sus vidas. «Hemos otorgado cursos de prevención de VIH, de prevención de violencia, de autoestima, de pintura», cuenta con orgullo.
– ¿Cuáles son los desafíos que ha enfrentado este movimiento?
– Como muchos el tema económico, la profesionalización de nuestras propias integrantes, homogeneidad en nuestro actuar.
– ¿Cómo se beneficiaron otras personas de este movimiento?
– Impulsamos algunos frentes muy concretos, como el caso de pactos para lograr la equidad de género políticos. Si bien ninguna de nosotros hemos logrado escaños legislativos, se han beneficiado otras que han sido impulsadas por nuestra asociación, otras han tenido la posibilidad de ir al extranjero a diplomados o doctorados, y muchas, aprendieron de la asociación, desde cómo organizarse y buscar recursos, para formar su propio grupo.
– ¿De dónde se sostiene económicamente el movimiento o qué actividades realizan para sostenerse?
– Tuvimos PAIMEF (Programa de Apoyo a Instancias de Mujeres de las Entidades Federativas) como ocho años. Concursábamos con los proyectos y nos daban como 60 mil pesos mensuales. Recibíamos el apoyo de amigos diputados. Los presidentes municipales cubrían parte de los pasajes o meriendas. No éramos millonarias, pero salía para los cursos y las mantas. Ahora cooperamos entre nosotras.
– Cuál considera que ha sido el mayor logro de este movimiento?
– Hemos puesto el dedo en la llaga siempre, participamos en cambios legislativos, el derecho a decidir es un logro no exclusivamente nuestro, pero estuvimos desde el origen, la paridad en la participación política.
Recuerda que iniciaron huelgas para pedir el 70/30, “porque era para lo que nos alcanzaba, si pedimos 50 en ese momento nos matan, ahora ya son más las mujeres que participan”.
Con el pintor Francisco Toledo, promovieron en el Reclusorio Femenil una granja de pollos y dos invernaderos que se mantuvieron por años e iba un biólogo cada seis meses, “ahora están desmadrados, eso es descuido de las autoridades, no son capaces de resolver el mantenimiento”.
Cuando pudieron, ayudaron a las reclusas a pagar la reparación del daño para que pusieran salir, ahorita les han otorgado cursos de amparo. Van por ellas cuando salen libres, les han otorgado techo y las ayudan a reincorporarse en actividades económicas, “muchas ahora son emprendedoras exitosas”.
«Últimamente las autoridades han empezado a visitar a las presas, pensamos que si el Estado ya se va a encargar o va a establecer una política pública y las van a atender, podríamos concluir este programa», reflexiona con una mezcla de esperanza y cautela.
Las historias que Rosario comparte son testigos de un dolor profundo, pero también de la fuerza inquebrantable del espíritu humano. Entre las paredes de la cárcel, ha visto surgir historias de resiliencia y coraje que desafían los límites impuestos por la sociedad.