Jorge Guillén Alcalá
Hace algunos días los medios de comunicación anunciaron la detención del último gran jefe del narcotráfico oculto durante años, fue tal el perfil bajo que mantenía Ismael el “Mayo” Zambada que se llegó a decir incluso que tal vez ya había fallecido o que estaba postrado por una enfermedad terminal. No fue así, el jefe criminal apareció donde menos se lo hubiera imaginado nadie, en territorio de los Estados Unidos.
La aparición del narcotraficante cobró aún mayor relevancia al anunciarse que también venía en la avioneta que aterrizó en Nuevo Laredo, Joaquín Guzmán López, hijo del Chapo Guzmán. Los pormenores no se conocen y que los ciudadanos de a pie no tengamos detalles no sería relevante pero que la autoridad mexicana que debiera tener comunicación directa con las autoridades americanas no conozca absolutamente ningún detalle de las detenciones es un verdadero escándalo.
Es penoso ver a la titular de la Secretaria de Seguridad Pública Federal declarando que no tiene conocimiento de lo ocurrido, deslindarse por completo de la operación e inclusive acusar al vecino del norte de interferir en la vida interna de México en vez de felicitarlos por tan importante captura
Si se entregó, lo traicionaron sus socios como se ha dicho recientemente o fue una acción concertada con los americanos ya no lo sabremos, lo que sí sabemos es que el gobierno mexicano en este sexenio no se interesó nunca por detener a los líderes de las organizaciones dedicadas al narcotráfico, no tuvo política pública en la materia, no hubo rumbo y los cárteles operaron a sus anchas a lo largo y ancho del país, lo anterior también es corrupción, palabra que mencionó cientos de veces el Presidente de la República y que no se tomó la molestia de investigar su significado.
¡¡Saludos a todos!!